martes, 3 de marzo de 2009

You can REALLY stand under my umbrella?























Hoy estoy indignada y quizás me esté poniendo mal por algo que ni me va, ni me viene, pero no puedo evitar sentirme furiosa.

No voy a hacer el cuento largo porque lo que menos quiero es hablar de algo tan sucio como un ataque machista contra una mujer, pero digamos que para introducirlos en mi molestia, debo decir que todo se resume al asunto Chris Brown-Rihanna.

Él la golpeó...

Ella lo denunció...

Hoy, están juntos de nuevo... o al menos eso ha reportado People.

¿Por qué estoy tan enojada? ¿Qué si me importa la suerte de la mentada Rihanna? Pues no, la verdad es que tanto su música, como su persona, me tienen completamente sin cuidado, pero el hecho de que esta señorita sea ídolo de muuuchos adolescentes y MODELO A SEGUIR por otros tantos, me hace enfurecer al grado de pensar en el mensaje que todas aquellas niñas tendrán con su actitud.

Perdonar al hombre que fue capaz de mancillarte.

Perdonar al hombre que fue capaz de humillarte.

Perdonarlo porque ¿te ama? y tú ¿lo amas?

Rihanna canta en su rola más conocida, Umbrella, que siempre estará al lado de esa persona "especial". Que siempre podrá contar con ella. Que siempre serán amigos y que él, aun en momentos de amenazante lluvia, siempre podrá resguardarse bajo su paraguas. Pero en la vida, señoras y señores, hay de promesas a "promesas"... y cuando alguien fue capaz de lastimar físicamente de la forma en la que Chris Brown lo hizo con Rihanna, no hay forma, ni justitifación, ni poder humano que valga para eternizar la palabra "siempre".

¿Un golpeador de mujeres resguardarse bajo mi paraguas? ¡NI EN SUEÑOS!

¡Apa ejemplitos con los que nos sale Hollywood!

domingo, 1 de marzo de 2009

¿Verdad que en la vida de todo hombre hay cinco minutos negros?






Hace aproximadamente dos años, recibí de regalo de cumpleaños un libro titulado "Los minutos negros" escrito por un autor mexicano llamado Martín Solares. El libro me lo regaló mi amiga Liliana a quien, dicho sea de paso, admiro en toda la extensión de la palabra. El caso es que por una cosa o por otra, no lo leí de inmediato como bien debí hacer, sino que esperé hasta el pasado enero para retomarlo entre mis largas estadías en el metro de Madrid.

Debo decir que de entrada no me enganchó. Había algo en la forma en que escribía el señor Solares que no me convencía. No obstante, una vez superada la primera parte, me sentí por completo atrapada en la vida del agente Vicente Rangel González y su persecución de "El Chacal", un asesino de niñas en el estado de Tamaulipas, México.

Como se imaginarán, es una novela de misterio, pero no como las novelas de este género que muy seguramente todos hemos leído antes. No. En este caso, es una novela policíaca "a la mexicana" donde todos son culpables y sospechosos al mismo tiempo. No puede ser de otra forma cuando la corrupción se intuye hasta en la más mínima de las acotaciones. Todo se reduce a dos bandos: policías corruptos (que abundan) y policías honrados (que no sólo escasean, sino que además, tienen todo para perder). Cabe acotar que, bajo mi humilde opinión, para entender este libro y disfrutarlo en toda su totalidad, se debe ser mexicano. El gen debe estar encendido y expresado en su máxima capacidad. De otra forma será una novela más que se quedará en el librero o un pretexto para comentar, por enésima vez, "lo peligroso que es México". Pero como bien lo dijera Carlos Fuentes, nuestro hermoso México, en realidad, no es peligroso. Nuestro México es la región más transparente del aire... porque pasa de todo, pero es como si no pasara nada... y porque todos sabemos que pasa, pero al no tocarnos directamente, es como si nunca hubiera sucedido. ¿Cosa de locos? No. Más bien, cosa de mexicanos.

Coincido plenamente con las palabras de Jorge Volpi cuando cataloga a la novela de Martín Solares como un escrito apasionante, pero hiriente. Definitivamente, lo es. Llegas a un punto en que no puedes parar de leer con la ansia viva de descubrir quién, entre tanto político, empresario y narcotraficante corrupto, es el asqueroso asesino, pero al mismo tiempo, entre más te sumerjes en las viscicitudes de Rangel y su "madrina" Romero, te das cuenta que pase lo que pase y sea quien sea el mentado Chacal, al final la historia no terminará bien... y eso asusta. De hecho, cerca del descelance, entiendes porque la novela lleva ese título. Tú mismo te ves envueltos en cinco minutos completamente negros que se apoderan de tu cerebro y no dejan de repetir la angustiosa frase "somos esqueletos con carne, esqueletos en movimiento".

La verdad, una novela de antología. Y si a esto le aunamos que en el momento menos pensado aparece Rigo Tovar para salvar la tarde, un padre jesuita aficionado al vodka, un detective legendario y hasta un niño de la IBERO como "agente encubierto", la historia toma el adjetivo de bizarramente adorable.

Yo, sin temor a equivocarme, recomiendo la lectura de esta novela a todo aquel que quiera sentirse un tanto angustiado a la par que sonríe por los abundantes destellos de humor negro que Solares no deja de lanzar. Con esa premisa, seguro que disfrutarán de una novela diferente, dinámica y muy bien pensada, ya que no sólo cuenta con los personajes necesarios para hacerla brillar, sino que te deja con la mente fija en frases tales como "así paga la ciudad a sus habitantes honrados". ¿Demasiado fuerte? Sí, como todo lo que narra Solares, como todo lo que los buenos policías tienen que enfrentar día a día en sus trabajos y como todo lo que pasa en México. No en vano el mismo Solares dice y dice bien: "El poder parcial transforma ligeramente. El poder total, corrompe en definitiva"... y esta novela en la prueba irrefutable de ello.

A leer si pueden, si quieren y si les nace...

Yo, mientras tanto, sigo pensando en mis personales, particulares y actuales minutos negros.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Buscó tantos y tantos lugares...





... buscó a través de los mares y en los cielos cubiertos de estrellas.

Buscó también en los jardines o en las urbes repletas de hierro.

Buscó y buscó y muy poco fue lo que pudo encontrar.

La tierra parecía tan gris y diferente al Celeste de sus recuerdos. Pero el día menos pensando, a la hora menos esperada, arribó a una ciudad que parecía hundirse a placer del horizonte.

Y la magia surgió entre miles de atuendos de colores.

Y dulces máscaras llenaron sus sentidos.

Y su mundo, pleno de incertidumbre, al fin respiró un momento de paz.

Sapphire, que había viajado tanto, por fin encontró un lugar en la tierra donde la fantasía se volvía realidad.

Por eso le gusta Venecia...

Por eso adora la palabra "Carnivale"...

Por eso y porque es un hada que no deja de soñar.